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 Pablo Ianiszewski © 2013 - 2019

El signo zodiacal de Acuario está al centro de un malentendido. No me refiero a que las personas nacidas con el Sol transitando en dicho segmento del zodiaco sean incomprendidas por los demás; me refiero a que los significados y correspondencias asociadas con el signo han sido distorsionados como producto de los cambios sociales que hemos ido sufriendo hace bastantes décadas.

 

Solemos reconocer la sacralidad de la naturaleza y sin embargo nuestra actitud hacia las plantas mágicas es a lo menos pueril. Desde el turismo psicodélico de la ayahuasca a la venta de salvia divinorum por internet, todo parece indicar que asumimos que los enteógenos están allí para satisfacer nuestra curiosidad y garantizar el entretenimiento.

Existen tres zodiacos; el zodiaco tropical, el zodiaco sideral y el zodiaco constelacional. No entender sus diferencias hace que cada cierta cantidad de tiempo resucite el bulo del treceavo signo zodiacal de Ofiuco. Ante la recurrencia de dicha confusión me parece necesario zanjar el tema de una vez por todas y terminar con el enredo. 

¿Qué es la materia y qué es el espíritu? ¿Cuál es el vínculo entre alquimia y astrología? En esta entrevista converso con Luis Silva, un connotado alquimista catalán, quien ha pasado más de veinte años trabajando arduamente en la búsqueda de la piedra filosofal, sustancia excepcional con la que han soñado los sabios desde hace muchos siglos.

¿Quién fue el padre de la astrología? Según lo transmitido por el astrólogo romano Firmicus Maternus, la fundación del arte celeste se remontaría a la figura del legendario maestro Hermes Trismegisto. No obstante, en la búsqueda de un candidato digno, debemos mirar más allá del mito, a sabiendas de que el gran Hermes es en realidad una leyenda compuesta por elementos diversos.

El hermetismo es una de las tradiciones más difundidas de todo el esoterismo occidental, siendo al mismo tiempo muy mal entendida por el público afín. La necesidad de distinguir entre sus diferentes niveles de representación nos mueve a realizar este recorrido por la historia oculta de nuestra civilización. 

 

La golpeada ciudad de Bagdad esconde una historia asombrosa que pocos conocen. La vida de sus agitadas calles no siempre ha transcurrido entre bombardeos y explosiones. Su nacimiento nos lleva a una época en donde la magia era parte del diario vivir y en donde los reyes se servían de la astrología para fundar ciudades y levantar civilizaciones.

 

La abstención de animales como fuente alimenticia tiene una larga historia en Occidente, ligada a la práctica espiritual en un marco tradicional. La dieta pitagórica, que siguieron todos los miembros de la augusta fraternidad fundada por el gran sabio griego en Crotona, buscaba establecer algunas normas fundamentales que resultaban de gran importancia para la ascesis espiritual.

 

La relación entre el destino y la libertad humana es mucho más fluida y permeable de lo que aparente; la astrología sugiere que el porvenir surge del concurso sincrónico de las fuerzas del cielo y la tierra, de la necesidad y de la capacidad del ser humano para trascender los vectores que impulsan su trayectoria. ¿Es posible una perspectiva razonable que reconcilie ambas potencias?

No hay pueblo sobre el planeta que no haya desarrollado alguna clase de observación sistemática del Sol, la Luna y las estrellas con el fin de medir el tiempo y a la vez determinar el porvenir. Nuestra tradición astrológica no es una excepción. Sin embargo, las potentes fuerzas de disolución que configuran todo el desorden que se ha instalado en el mundo moderno no podían sino trastocarla.

 

Una mirada más amplia de la historia de la natividad y de la fecha asignada por la Iglesia nos debe llevar a comprender que el nacimiento de Cristo, lejos de ser una pura imitación de otros mitos solares anteriores, es por sobre todas las cosas la manifestación de una verdad única, de una sabiduría primordial que yace latente en todas las auténticas tradiciones religiosas del mundo.

 

El alma es lo real en el hombre. Sin embargo, una exposición tan somera no podría ser menos que insuficiente, porque bajo la desgastada palabra “alma” hay en realidad una doctrina mucho más profunda y rica en significados. Platón distinguió tres tipos específicos de alma que convergen al interior de la persona, como tres ríos distintos cuyos afluentes alimentan un mismo lago.

Todo el esoterismo occidental, y buena parte de su homólogo oriental, gira en torno a la noción de una misteriosa palabra o verbo secreto que al ser pronunciado por el Creador da origen al proceso cosmogónico, a la generación de los mundos y el desenvolvimiento del drama universal, con sus infinitas diversificaciones y movimientos.

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