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  • Pablo Ianiszewski

Invocación al Sol Imperecedero.


Todo el conocimiento sagrado, todas las ciencias ocultas y todas las artes herméticas, como toda la árida erudición y la dulce sabiduría que las supera, son una mota de polvo insignificante ante la vastedad de tus océanos de luz, oh Padre del Despertar. Millones y millones de amaneceres juntos no se comparan a un sólo rayo emanado desde el alba de tu verbo pronunciado. Por eso pongo mi frente en el suelo hacia la quibla de tu ígnea luminaria, dejando a las frías sombras proyectarse hacia mis espaldas, porque Tú me has hecho el último de los que te invocaban en Harrán. Si me he acercado a tus sabios, a tus profetas y a tus santos, no ha sido por la vanagloria de los recónditos saberes, ni en búsqueda del engrandecimiento del ilustrado, sino porque a través del entendimiento de lo que permanece escondido a los ojos he procurado hallar ese arcano que mi corazón intuye en plena certeza, aquel misterio que abre las puertas al mundo verdadero del espíritu.


No tengo nada de qué jactarme. Estúpido y vano sería si habiendo caído hasta lo más bajo de tus esferas, recubierto por un cuerpo en permanente trayecto hacia la muerte, me volviera presuntuoso cuando sólo soy un alma en pena, que carga como un peso el lastre material en donde se halla encerrada la chispa de mi conciencia. Nada de lo que he aprendido en estos años se compara con todo lo que ignoro y que jamás llegaré a saber. Pero de aquellas ciencias sagradas que has puesto ante mi destino, he destilado una esencia que sirve de perfume para mis oraciones y letanías de nostalgia, pronunciadas con dolor por el paraíso que perdí cuando fui arrancado de tu lado. En el camino he dejado caer lágrimas; no han sido pocas. Tú las has recogido, y como perlas unidas por un cordón de plata las has colgado cual guirnalda invisible a mi cuello, para que recuerde lo que significa el estar tan lejos de casa, vagabundo en el distante exilio de la Tierra. Padre mío, sol imperecedero velado tras el más grande de los secretos, dame sabiduría para empequeñecerme ante tu grandeza, porque Tú me has mostrado que ser sabio es volverse nadie cuando todos creen que te estás convirtiendo en algo.


Publicado el martes 2 de marzo de 2021.

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