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 Pablo Ianiszewski © 2013 - 2019

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  • Pablo Ianiszewski

La Metáfora Náutica de los Astrólogos Helénicos.


En la astrología helenística —aquella que se practicó durante la antigüedad tardía dentro de las amplias zonas de influencia griega— existía la concepción de que las almas se encontraban arrojadas a la navegación forzosa en el océano de la vida, donde el oleaje, las corrientes marinas, las rocas y los vientos representan al ineludible destino que a todos nos toca enfrentar dentro de nuestro propio guión biográfico. La metáfora náutica era tan importante que llegó a condicionar los nombres asignados a los distintos significadores técnicos y accidentales de las cartas astrales. Es más, la propia figura cuadrada de los mapas astrológicos originales era considerada como la estructura de una embarcación. Veamos algunos ejemplos.


El Ascendente corresponde al timón del barco y su regente al piloto o timonel. Si éste se encuentra unido al grado del timón por una "cuerda" —léase aspecto— entonces el nativo puede realizar su propósito en la vida, porque de ellos depende la dirección del viaje de la vida. De no haber nexo por aspecto, el sujeto será arrastrado por las circunstancias, representadas por la Parte de Fortuna. Ésta se corresponde con los vientos, las mareas y el clima —léase las circunstancias incontrolables que trae el destino—. De estar aspectando al Ascendente se pronostican vientos y mareas favorables. Su dispositor es como el primer oficial en la proa, a quien también queremos ver conectado con el timón para que pueda guiar al timonel.


La Casa X funciona como el velamen, que al estar bien dispuesto, según sus regentes, permite aprovechar los vientos para impulsar el barco hacia el puerto deseado. Se debe ubicar, por medio de un protocolo de cálculo, el planeta que hace de capitán del navío, el Kyrios (Señor de la Natividad). Bajo su mando estarán todos los demás planetas. También hallaremos al oficial administrativo, el Oikodespotes (Señor de la Casa) a quien debemos llevar a destino, siendo éste el segundo astro en rango de importancia. Existe también un oficial cooperador, determinado por el regente del término en el que se encuentra la luminaria dominante según secta. Éste colabora con el oficial administrativo en la supervisión del destino de un alma.


Antes de que Valens asociara las triplicidades con los elementos, se los vinculaba con los cuatro vientos, cuya determinación es fundamental para la correcta navegación. Los antiguos astrólogos helenísticos enseñaban que era tarea de la luminaria dominante invocar al viento para que fuera benéfico. Si los regentes de la triplicidad de la luminaria estaban bien posicionados y aspectados, entonces se podía pronosticar eminencia y éxito en la vida. De lo contrario habría frustración. Podríamos seguir con muchos otros ejemplos, pero baste con señalar que navegar los mares sobre un velero es equivalente a vivir en la región sublunar bajo el clima astrológico que nos impone el transcurso del tiempo.