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  • Pablo Ianiszewski

Un caso retorcido de Astrología Horaria.


Hace algunas semanas trabajé sobre una consulta de astrología horaria que tuvo un desenlace curioso, resultado que comparto aquí para proponer una reflexión sobre el alcance de nuestro arte. Pienso que lo sucedido ilustra bastante bien los extraños modos que tiene el destino para manifestarse en nuestras vidas. La historia puede parecer algo banal, pero si la miramos en profundidad podemos descubrir una dimensión interesante respecto de lo inevitable. Una mujer joven me contactó a raíz de una intervención estética que deseaba realizarse. Se trataba de un tatuaje sutil para simular cejas, ya que según ella tenía muy pocas. Recibí la consulta a través de una videollamada el lunes 15 de julio de 2019, a las 21:34 horas en Reñaca, Viña del Mar, Chile. La pregunta en concreto fue: ¿Tendrá buen resultado mi intervención en las cejas? Publico esta consulta y su desenlace bajo expresa autorización de la consultante, pero manteniendo en completa reserva su identidad según nos exige la ética del oficio.

De acuerdo con las consideraciones previas al juicio tenemos ante nosotros una figura astral radical, por lo que puede ser interpretada con la seguridad de que nos habla sobre el tema consultado. Observamos el ascendente a los 09°17' de Piscis, siendo Júpiter, y secundariamente la Luna, quien representa a la consultante y sus cejas. Debido a que se trata de una cuestión de estética, es decir, de un asunto ligado a la apariencia física y no de una cirugía o intervención por razones de salud, nos preocuparemos del estado zodiacal y de la determinación local del regente del ascendente, como también de la Luna, prescindiendo de Casa VI o de significadores asociados a ella. Será ideal si nos encontramos con un regente y una luminaria nocturna en buenas condiciones, ojalá asociada por un buen aspecto a Venus, significador natural de la belleza. También sería prometedor encontrar a Venus angular y bien dignificada.

¿Qué encontramos al analizar esta figura astral? Lamentablemente Venus no está como hubiésemos querido, hallándose peregrina a mitad de Cáncer, rápida, oriental y teniendo señorío sobre el grado ascendente en calidad de almuten domus. Además se encuentra combusta, es decir, su luz se encuentra severamente impedida por el fuego solar, al tiempo que no cuenta con fortaleza esencial para poder resistir dicha combustión, ya que transita por un grado zodiacal en el que se encuentra bajo el apremio de estar extraviada. Por otra parte Júpiter, regente del signo ascendente, se encuentra muy bien fortalecido y posicionado, teniendo dignidad por domicilio y triplicidad nocturna en la mitad de Sagitario, además de atravesar una casa angular con elevación mientras se aplica por trígono a Marte, significador natural de las cirugías, cortes e incisiones. Por desgracia ese Júpiter tan fortalecido está retrógrado y separándose de un contrantiscio con la relevante Venus. La Luna, a su vez, se está aplicando por antiscio con Júpiter, mientras la hallamos en fase creciente, en hayz y sucedente, pero mezclando triplicidad nocturna con un severo exilio, y moviéndose lentamente a través de Capricornio, donde está siendo afligida por conjunción aplicativa de Saturno retrógrado. Se destaca en todo caso la recepción de Venus a través de una oposición con la luminaria nocturna.


¿Qué pudimos concluir de todo lo anterior? Pues que la consultante recibirá un procedimiento estético bien realizado que la dejará satisfecha con los resultados (recepción de Venus por parte de la Luna, alta dignidad esencial de Júpiter) pero padecerá de un agudo e intenso dolor que la hará arrepentirse en el momento (combustión de Venus, retrogradación de Júpiter en contrantiscio con Venus, detrimento de la Luna en conjunción con Saturno retrógrado). Aunque estará contenta al mirarse al espejo, cargará con un mal recuerdo de la experiencia. El resultado de la predicción se cumplió a cabalidad, pero por una vía misteriosa, que incluso podríamos considerar retorcida. El día de la intervención todo se desarrolló con normalidad. El procedimiento se efectuó de manera impecable, sin contratiempos ni problemas. La consultante me confesó que, mientras recibía pequeños cortes y pinchazos en sus cejas, recordaba mis palabras preguntándose en qué momento iba a sentir el dolor que yo le había pronosticado. “¡Pablo se equivocó!” pensaba. La intervención concluyó exitosamente, con una mínima molestia física y casi sin sangramiento. Pero el destino todavía no había concluido su propio trabajo.


Tras el proceso, la esteticista le pidió autorización a la consultante para tomarle una fotografía de sus cejas recién intervenidas, con el fin de dejar registro del efecto visual conseguido. El teléfono celular con el que tomaría la foto era enorme, casi tan grande como un tablet. Su gran tamaño sorprendió a nuestra cliente, que no había visto un artefacto de esas dimensiones antes. He aquí que en una inexplicable torpeza, la esteticista acercó el aparato a las cejas intervenidas y dejó caer el pesado smartphone directamente sobre el tabique nasal y el entrecejo de la chica, propinándole un golpe certero y brutal. Fue tan poderoso el dolor que nuestra protagonista estuvo llorando durante una media hora sin poder parar, mientras la esteticista, desesperada y sin saber qué hacer, se deshacía en disculpas. Le juraba que jamás en todos sus años dentro del oficio había cometido un error así, pese a que le tomaba fotografías a todas sus clientes, tanto antes como después de los procedimientos. Consumados los hechos, la consultante me llamó para contarme que el dolor fue de tal magnitud que se arrepintió profundamente, pero más de haber dudado de mi oráculo que de la intervención en sí.

Lo sucedido debe hacernos reflexionar sobre lo fragmentaria y reducida que es nuestra capacidad de comprensión sobre los diez mil caminos que puede transitar el devenir para realizar sus propios planes. En astrología es habitual que lleguemos a conocer el final de los asuntos, al punto de ser capaces de predecir el desenlace de todo tipo de cuestiones, desde las más pequeñas a las más grandes, desde las preocupaciones más pedestres de los individuos hasta los asuntos más espinosos de una república. Sin embargo, el camino que el destino recorrerá para manifestar el juicio de los astros siempre permanece arcano e inaccesible. Cobra sentido la sabiduría del rey Salomón, cuando en Eclesiastés 11:5-6 nos dice que: “Los caminos de Dios son misteriosos como la senda del viento, o como la forma en que el espíritu humano se infunde en el cuerpo del niño aún en el vientre de su madre. Persevera en la siembra, pues no sabes cuál semilla germinará; quizá germinen todas”. Pero, agregamos nosotros aquí, algo germinará como ha sido prometido por la semilla, quizás no en el campo sino en el jardín; quizás no en el jardín sino en la almáciga; quizás no en la almáciga sino incluso bajo tu cama.

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 Pablo Ianiszewski © 2012 - 2020